DOS BANDAS
Por Jaime Hernández
cantinfflas@hotmail.com
Es conocido el síndrome mental denominado bipolaridad: vaivenes del ánimo que oscilan entre la alegría y la tristeza; la melancolía y la abulia.
Escuchando atentamente las cambiantes estaciones de las bandas de amplitud y frecuencia modulada, viene a la mente una posible observación: tal parece que el panorama actual de la radio contribuye bastante a la acentuación de este síndrome, pues en su mayoría, lo que traen las ondas en el aire es un conjunto de voces, acentos, opiniones, discursos, ritmos, cadencias, reclamos, burlas, acusaciones; mandatos, anuncios, improperios, imprecisiones informativas, excesos del lenguaje y de la capacidad poderosa de trasmitir cualquier mensaje a través de las emisoras constituidas, ya sean oficiales, de iniciativa privada o de activismo casi pirata.
Añejos los días cuando la radio era más uniforme en sus trasmisiones, era, digamos más inocente en sus manifestaciones y más imbuida del espíritu de novedad, experimentación y cuidado en sus puestas en escena: era, si me permite decirlo, más profesional.
Todos y cada uno de sus puestos técnicos y equipos de presentación, ya no digamos de entretenimiento, daban muestra de calidad y operación uniforme, en ascenso, en crecimiento. Y esto fue así hasta después del 68 y del 85.
Ambas crisis modificaron el espectro y la conducta de las emisiones radiales, deviniendo en la compleja y complicada trama de intereses, técnicas, intenciones, y calidades de lo más dispares.
Escuchar las dos bandas, aún, no deja de tener cierto sabor placentero, pero antes de las fechas señaladas ese sabor, esa sazón era de todos los días.
Actualmente escuchamos radio con las manos en guardia por así decir y con la necesidad de participar pero no en las formas consagradas del concurso, de la llamada telefónica, del voto radial; hoy necesitamos hacer viable el derecho de réplica , mientras más coincidente con lo que se trasmite mejor, pues si antes escuchábamos atentamente los programas, cómodamente sentados en la sala de la casa, el día de hoy los escuchamos a pié, en marcha, en tránsito y en movimiento; si antes disfrutábamos los monólogos, hoy necesitamos los diálogos y las participaciones cruzadas: los días de infancia de la radio ya son los años maduros de la radio y como tales habrá que vivirlos.



Anatolio Vázquez
Pedro Loredo
Angel González 