Platincando con Socorro Perea.

¿Quién es Socorro Perea?

Ella es una mujer potosina, Química de profesión, y apasionada de la música: de la valona y la poesía decimal.

Al escuchar por primera vez esta música de los "rancheros", ellas decide que lo mejor es darla a conocer a una población más amplia y decide aprenderse las letras y luego cantarlas y posteriormente grabarlas.

Pero dejemos que sea ella misma la que nos platique como fue su encuentro con este arte.

Mi encuentro con los valoneros de la sierra

Vamos a ir de paseo a un ranchito llamado Laguna de San Isidro, propiedad del doctor Miguel Reyes. El, su esposa y sus tres hijas nos invitan.

Este rancho esta en la sierra de Armadillo; es una hondonada rodeada de cerros no muy altos, que cuando llueve coge agua pero en unos tres meses se seca, dejando la tierra preparada para sembrar.

El doctor Reyes era medico del American Smelting, en el mineral de cerro de San Pedro; y en Armadillo, pueblo cercano al mineral, conoció a su esposa, Panchita Nieto.

El día de partir nos dijo el doctor: "Preparen sus enaguas anchas, porque van a montar a caballo como Dios manda", es decir, como mujeres, pues los caballos tenían alfardón. Nos quedamos mudas, nunca habíamos montado en silla de mujer. Yo siempre lo había hecho en silla vaquera, como los hombres.

Íbamos las hijas del doctor -Rosita, Esperanza y Amparito-, una buena amiga -Monina Mejía- y seis compañeras.

En camioneta, y por un camino pedregoso, llegamos a lo alto de la sierra, donde vimos a los caballos que nos esperaban. Cada una escogió el suyo; yo, un blanco pinto muy bonito, pero después me arrepentí, pues estaba tan alto que pensé: "Cómo voy a subir?".

El hombre que nos cuidaba me acercó a una piedra grande, me subí a ella y sólo así pude alcanzar el estribo del caballo para sentarme en el albardón.

Comenzamos a bajar; el hombre que nos cuidaba decía: "agárrense bien de la cabeza del albardón, manténganse derechas, sin agacharse hacia adelante". "¡Me caigo!", gritábamos de susto a cada rato. El señor se veía en aprietos yendo de un caballo a otro para calmarnos y darnos consejos.

Cerca de la última bajada se nos presentó un paisaje hermoso; toda la superficie de lo que fue una laguna era un campo verde milpa de unos dos metros y medio de altura, ¡que belleza!

Por fin llegamos. Ahora, ¿cómo desmontamos? Pues a traer sillas, de las que son para sentarse o de pIano caíamos en los brazos de un ranchero que se ofrecía a bajarnos.

La casita estaba en una loma, un poco arriba de la hondonada, donde el agua de la laguna no la alcanzaba. Tenía sus bardas con enredaderas llenas de flores, un corredor con techo de carrizo, donde estaba lista la mesa para sentarnos a comer. Teníamos un hambre Feroz; pronto llegó la barbacoa, los frijolitos y las tortillas recién salidas del comal; de bebida, aguamiel y agua de limón. Acabamos de comer y nos tiramos en las camas a descansar; íbamos algo abolladas y adoloridas.

Como a las seis de la tarde nos despertó una música que tocaba Las mañanitas. Brincamos de la cama y salimos al patio; ahí estaba la sorpresa que nos tenía el doctor Reyes: un conjunto de cuatro músicos, dos violines (ellos se dicen violineros), un guitarrista (guitarrero) y un jaranero, campesinos de huaraches y sombrero ancho.

Terminadas Las mañanitas, empezó la música, cantos y poesías que en ninguna parte había escuchado, pues los sones huastecos tienen cuatro versos cantados, sin hablar, y aquí eran décimas declamadas; por eso las llaman poesías.

Conocí las décimas y valonas con sus jarabes y sones que se bailan, sus poesías sencillas, que los campesinos componen inspirados en la naturaleza o en las costumbres de su vida diaria, poesías de amor algo picarescas, de decepción, de tristeza

De cañas es mi jacal,
de rastrojo es el tejado
en que duermo descuidado,
> ni el sereno me hace mal.
Duermo mi sueño cabal,
tengo lo que necesito,
de ocote priendo un cachito
para tender mi guangoche (costal de ixtle).
¡Que feliz paso la noche!,
ya no estoy tan pobrecito.

Estos cantos, que también hablan de bodas, de calaveras de muertitos, son a lo humano; los que tratan de alabanzas a la virgen, a Cristo, a santos, son a Lo divino.

Empezó el baile; cómo íbamos a bailar si no sabíamos los pasos. Nos fijamos en lo que hacían las rancheritas y nos aventamos. El hombre es el que huachapalea, brincando y zapateando como si fueran a matar cucarachas. A la una de la mañana acabó el mitote.

Muy temprano nos tenían ensillados los caballos; recorrimos la sierra, visitando pequeñas rancherías. Todos los habitantes de esos lugares conocían al doctor Reyes, pues él les llevaba medicinas y curaba a sus hijos, así que cuando llegábamos a alguna casa nos obsequiaban gorditas, tunas, aguamiel. Ya habíamos perdido el miedo de montar como mujeres y nos animábamos a echar una carrerita.

Me cautivó esa sencillez y espontaneidad en sus poesías, y me propuse darlas a conocer aquí en la ciudad de San Luis Potosí. Empecé a escribir las que cantaban 1os músicos, que eran muchas, pues en todos esos lugares nos recibían con música.

Como la esposa del doctor Reyes era de Armadillo, de allí nos invitaban mucho. Además de los bailes de décimas y valonas, hacían kermeses y peleas de gallos. Había rancheros ricos que trabajaban en el mineral y que gustaban ir a zapatear a la fiesta de valonas. Uno de ellos se echaba en los bolsillos varias monedas de oro que al brincar en el baile producían un sonoro cascabeleo, con lo que presumía de su riqueza.

Armadillo recibió su nombre de los Infante, porque en ese lugar los hermanos Infante fundaron la primera imprenta de San Luis Potosí.

Armadillo vino a menos cuando cerraron el mineral de cerro de San Pedro; muchos se quedaron sin trabajo y otros emigraron al Norte, pero los poetas campesinos allí siguieron alegrando el ambiente. De allí era don Herculano Vega Zamarrón, quien me proporcionó cerca de ochenta poesías. Lo mismo hicieron otros de ranchos cercanos.

He vuelto a Armadillo, pero ya no es lo mismo de antes; en una fiesta que me invitaron, en la presidencia municipal, estaba una orquesta de tamborazo con música moderna yen la placita frente al santuario de Guadalupe, los valoneros. Mientras la mayoría de los jóvenes prefería bailar la música del norte, la gente grande iba con gusto a zapatear.

En 1980 murió el doctor Reyes, y Panchita esposa, no pudo seguir administrando de do rancho y lo vendió.

Como de Armadillo ya tenía bastantes los poesías, me dirigí a Río Verde, zona media del estado, donde supe que en todos los ranchos de ese municipio se tocaba y bailaba las décimas y valonas.

Fui a ver al padre Juvenal, que estaba entonces de señor cura; le conté mi deseo de recoger esa poesía campesina y que me orientara dónde la podía escuchar. Me dijo que sabía que en una huerta, los domingos, asistía gente venida de diferentes ranchos a gustar esa música. Yo iba con una amiga, pero el padre no quiso que fuéramos solas y nos mandó con el sacristán.

Allí empecé a conocer a varios músicos y sus poesías, a recogerlas en una grabadora que llevaba. Les pregunte en que lugares se oía esa música y en que ocasiones. Me nombraron muchos ranchos y me dijeron que se tocaban en bodas, bautizos, santos y aun en acompañamientos de muertitos. Les pedí me invitaran a sus fiestas y se admiraron de que yo, siendo de la ciudad, me gustara eso, pues me di cuenta de que en Río Verde los despreciaban, porque, al preguntarle a una amiga de allí dónde había músicos de valonas, me dijo -"Eso es de gente vulgar e inculta". Que tristeza me dio escuchar eso.

Comenzaron a invitarme de diferentes lugares. Siempre iba acompañada de amigas, y en la fiesta, como medida de protección, nos acercábamos a la anfitriona. Empecé a zapatear junto con las muchachas y las viejitas, porque en esos lugares verdaderamente baila todo el mundo.

La profesora Sebastiana Belmares, de Cerritos, me invitó a una boda. Asistimos varias amigas. La maestra tenía una carcachita y en ella fuimos al lugar de la fiesta; era a la salida pueblo. En pleno monte pusieron una enramada como de 20 metros de largo; en un lado, un trono al que se llegaba subiendo unos seis escalones y a cada lado del trono un tapanco de dos metros y medio de alto, con una banda para los músicos; allí estaban esperando a los novios. Un conjunto era de Rio Verde y el otro de Cerritos.

Llegaron los novios, subieron al trono para ellos preparado, cantaron los músicos el estribillo de la décima:

Es la joven mas hermosa
que al cielo le han elevado,
hoy se ven como una rosa
la esposa y el desposado.

Se terminó la décima, la valona, y siguieron entonces los jarabes. Los novios bajaron de su trono, empezaron a bailar y se generalizó el baile.

Yo ya era conocida por muchos músicos de diferentes lugares, pues en las fiestas me veían en primera fila. Grababa sus poesías; unas me las dictaban y otras las recibía en libretas escritas por ellos, con tantas faltas de ortografía y palabras raras que a veces no las entendía y en verdad tenía que preguntarles su significado.

Me gusta asistir a las topadas; estas son desafíos o encuentros de poetas de aporreón, o sea que se aporrean con versos; encuentros en los que invitan al conjunto de un lugar contra otro de otro rancho y el público es el juez y grita y aplaude al que no se deja ganar.

Por ejemplo: Uno le dice al otro:

Ya no presumas cantador
porque no sabes ni lo que es poeta,
con tu versito de analfabeta
te das el brillo de trovador.

Ya para entonces yo sabía bien en que consistían esas poesías; eran dos clases de décimas: la primera, llamada poesía, se declama sin música; sólo el estribillo se canta después de cada estrofa y las estrofas pueden ser cuatro o seis. .

La otra décima es la valona, que viene siendo una décima glosada y que empieza con una introducción llamada sinfonía, la cual se repite después de cada glosa cantada. Se canta la planta seguida de unos sonecitos y se cantan las estrofas, que son cuatro, y que glosan la planta. Es decir, al final de cada estrofa se repite uno por uno los versos de la planta. Esta valona es toda cantada con una especie de sonsonete que se acompaña sólo con rasgueos de guitarra.

Al finalizar la valona siguen los jarabes, los sones, la música de huapango, que incitan a los presentes a zapatear o huachapalear, según su gusto. Estas fiestas duran doce horas o más, al terminar de tocar un conjunto sigue el otro.

En varias fiestas de estas me encontré con algunas personas que también andaban recogiendo estas poesías y valonas, como un antropólogo de El Colegio de México.

Cuando ya tenia bastantes obras recogidas, decidí cantarlas yo también. Busque un conjunto que me acompañara con sus instrumentos y grabe, sin cambiar las expresiones y modo de hablar de los poetas, seis discos y seis audiocassettes.

En aquel tiempo Jorge Saldaña tenia un programa los sábados en la noche, "Sábados con Saldaña" en el canal 13 de México. Le llevé un disco a su despacho; se extraño al verlo, pues no sabia que era eso de décimas y valonas. Me dijo que se lo dejara; a la semana me llamó, invitándome a cantarlas, por supuesto, -Pero págales a los músicos el viaje y su actuación. Yo no cobro. ¿Que alegría sentí al pensar que daría a conocer esa poesía campesina tan sencilla e inspirada! El señor Saldaña me arreglaba el escenario con magueyes, nopales y macetas de flores.

Me llegaron felicitaciones de varias partes de la república que veían ese programa y me pedían discos y cassettes.

Con el señor Saldaña me presente ocho veces entre los años 10981 y 1982.

Una vez, al estar yo cantando, veia que uno de los músicos se paraba en un pie, luego en el otro. Al terminar le pregunte si le dolían las piernas; me contesto: "Es que ando estrenando zapatos y me aprietan"; había aventado los huaraches. En otra ocasión lleve a una pareja de bailadores; ella era una jovencita muy bonita, de Armadillo, y la felicitaron diciendo que "esa joven es mas bonita que las que salen en la televisión como reinas de belleza".

En Río Verde conocí a poetas muy buenos, como don Agapito Briones. El nunca fue a la escuela; unos parientes lo enseñaron a leer y escribir. Sin embargo, fue maestro de jóvenes en un taller que abrió Guillermo Velázquez, en Xichú, donde los instruía sobre como hacer la poesía correcta y a tocar instrumentos: Les decía: "Para hacer poesías bien hechas se necesita: un libro, para tomar diversos temas o materias, pues deben ser poetas impregnados; el diccionario, para no usar palabras impropiables; la mentalidad, para hacer poesía con inspiración y colorido, y el reglamento, la métrica, la rima (espinela), que las palabras sean "asibiladas", es decir, que tengan consonancia; tema, a lo divino, sobre santos, Cristo, imágenes; a lo humano, de amores, desengaños, bodas, calaveras, de historia, geografía.

Mi primera actuación aquí en San Luis Potosí fue en la Casa de la Cultura. Allí explique en que consistían las décimas y valonas, y cante a lo divino ya lo humano. Me presente además, en muchas ocasiones, en diversos centros culturales, como el Museo Nacional de la Mascara, el de las Revoluciones, el Teatro de la Paz, durante el Festival de Arte Primavera Potosina, en la reunión de maestros rurales. Me invitaron a Guadalajara, Morelia, San Francisco del Rincón; en el VI Encuentro de Etnomusicología presente un tema, cante y me dieron un diploma.

Como tenia mas de seiscientas poesías recopiladas, la Casa de la Cultura y el Archivo Histórico del Estado coeditaron un libro que incluye 473 obras.

A Río Verde iba seguido porque en los municipios y rancherías cercanos continuamente había fiestas. Lleve varios audiocassettes a la radiodifusora de allí y los tocaban a diario. En los ranchitos del área que alcanzaba la difusora me escuchaban, así que cuando Ilegaba a un festejo ya me conocían y me empezaban a decir versos.

Conocí a don Francisco Berrones, famoso poesillero; lo visite en Jagüey de San Francisco, municipio de San Nicolás Tolentino, San Luis Potosí. Quien me escribió una posía donde me quiso dar entender que las mujeres no deberíamos meternos en esos menesteres, que "eso" era cosa de hombres. -Ahorita no me acuerdo de la letra pero por ahí la tengo escrita en mi libro.

En Xichú, Guanajuato, el 31 de diciembre de 1998 me dieron una placa de reconocimiento.

Aquí en San Luis ha habido dos encuentros de decimistas y versadores, en los que han participado representantes de diversos países, como Venezuela, España, Argentina y del Caribe, México por supuesto, con conferencias y videos sobre décimas y glosas, en encuentros de trovadores y enfrentamientos con versos improvisados; pero [esas] son personas cultas y de estudio, sus poesías están bien hechas, sin palabras incorrectas, como las de nuestros rancheros que se nombran valoneros, guitarreros, poesilleros, violineros. .!

Como cuando me invitaron a Xichú, asistió también una pareja de jóvenes estadounidenses que en California estudiaban español en una academia; lo hablaban perfectamente y cantaban canciones mexicanas acompañados con una guitarra. Yo les cante una décima; les gusto tanto que me pidieron un cassette para aprenderla y cantarla. Se la llevaron. A la semana recibí una carta que decía: "No entendemos nada de lo que dice; por favor, vuelva a grabarlo con palabras correctas y nos " lo envía, porque ni nuestra maestra de español entiende".

¿Que le contestarla usted a la joven estadounidense?

Así, con esta interrogante terminamos la plática una de esas noches que la visitamos en su casa de San Luis Potosí

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