LUGARES DE ASENTAMIENTO

Al Noreste de Xichú existió un conglomerado de indios de la raza CHICHIMECA, que habitaban todo aquel territorio montañoso y tenían su asentamiento en un punto elevado de las montañas y que los españoles llamaron “Las rusias” tal vez debido al color rojizo de sus pinares.

Este pueblo bien cimentado por las construcciones de sus edificios y caseríos a la usanza de las ciudades incaicas, había sido fundada mucho antes del descubrimiento de América, como cuidad amurallada, con estratégicas fortificaciones, capaz de albergar una población numerosa de aguerridos guerreros, en cuyo centro existían numerosos adoratorios y un palacio que era la morada, los monarcas y el asiento de sus poderes.

En los municipios de Xichú, Atarjea y parte de Jalpan, Pinal de Amoles y Xilitla, existen santuarios arqueológicos que nosotros conocemos como “Cuisillos” y que fueron en realidad las tumbas de estos indígenas, pues se han encontrado pedacería de vasijas en su interior

Así como los “Cuisillos” existentes en esta región montañosa y que se cree fueron tumbas de los CHICHIMECAS, hay otras señales importantes de que el municipio de Xichú fue lugar de asentamiento no solo de las tribus CHICHIMECAS, sino que hacen pensar en tribus mucho más antiguas, puesto que existen unas pinturas rupestres en el ejido de Palomas de este municipio, las cuales se pueden apreciar con toda claridad, algunas se localizan en una cueva y se cree que son tal vez de una edad mucho más antigua que la de nuestros antepasados CHICHIMECAS, las pinturas de esta cueva son un poco más grande que un cerillo de color azuloso, hay otras pinturas en una piedra conocida por los lugareños como “Peña Grande”, estas pinturas son diferentes de las que hay en la cueva, pues aunque ambas pinturas representan las de la piedra o “Peña Grande” son mucho más grandes y están dibujadas con pintura blanca, esto nos lleva a la conclusión de que es posible que las pinturas de la piedra hayan sido hechas por los CHICHIMECAS que habitaron esta región y las de la cueva son de una edad mucho más antigua.

Se piensa que esta piedra o “Peña Grande” era un templo o lugar de sacrificios de estos naturales o tal vez un observatorio de los Reyes.

Según cuentan algunas personas, se llegaron a encontrar restos humanos al pie de esta gran piedra, no es posible que sean restos de los naturales CHICHIMECAS, pues el clima que impera en este lugar no permite que duren tanto tiempo estos restos, además ya han transcurrido ciento de años, tal vez miles, más bien los restos que encontraron en esta piedra pudieran ser de personas que murieron por el tiempo de la revolución.

Una serie de monarcas de la raza CHICHIMECA habían sido por centurias, los jefes de aquella región y de todo el Guanajuato misterioso y legendario y su poderío se extendía desde el Valle de San Luis de la Paz Gto., región que hoy conocemos como CHICHIMEQUILLAS, hasta la lejana Huasteca, que comprende los estados de San Luis de la Paz y Querétaro, sin límites dentro de la Sierra Gorda. Al pie de estas altas montañas existía también el poblado de “San Diego de las Pitayas” y que se remonta al primer tercio del siglo XVI y en su tiempo tuvo cierta importancia.

El poblado de “San Diego de las Pitayas”, fue el asiento de unos indios Guaxavanas y Otomíes, que vivían exclusivamente de la caza y de algunos tubérculos o “Camotes”, que extraían de la tierra y asaban en los rescoldos del hogar o muchas veces los comían crudos, también aprovechaban los frutos y los jugos de ciertas plantas aborígenes, como las cañas, las tunas y los magueyes que abundaban en esta región.

Aquellas tribus existieron hasta la llegada de los “Franciscanos de Santiago de Querétaro” que venían catequizando pueblos, con ese fin llego a este lugar Fray Juan de San Miguel y su inseparable colaborador, el Capitán Don Nicolás de San Luis Montañés, para levantar una cruz y bautizar a estos naturales. Ya habían fundado la “Congregación de Santo Tomás Apóstol” de Tierra Blanca Gto., en el año de 1539.

Tal vez por la exuberancia de los frutos naturales, la bondad de las tierras o la abundancia de aquellos árboles ya desaparecidos que se llamaron “Cuacancoros” o también el de las cactáceas conocidas como pitayas, al poblado se le denominó “San Diego de los Cuacancoros” y más tarde “De las Pitayas”, como se le conoce en nuestros días.

Por su ubicación entre montañas sobre el cause de un río que lo divide fue paso obligado de tribus nómadas y de conquistadores.

Se estableció en este lugar, Fray Juan de Cárdenas cuya familia llagó a ser dueña de grandes extensiones de tierra y ganados, desde San Diego, lugar de asentamiento hasta el lejano Río Verde. Su pasión era bautizar infieles y llegó a interesarse mucho en la Sierra.

Ya pacificada LA GRAN CHICHIMECA unas cuantas décadas después, al terminar el siglo XVI se confirma una orden del Virrey para el establecimiento de las siguientes tribus en territorio CHICHIMECAS: TARASCOS, AZTECAS o MEXICAS, CHOLULTECAS, OTOMIES, TLAXCALTECAS, CAZCANES y otras tribus, con el fin de que fueran absorbidas las tribus nómadas CHICHIMECAS.

La mayor importancia para la conversión de las tribus CHICHIMECAS entre la Sierra Oriental y Occidental, fueron los Frailes Franciscanos (los Jesuitas llegaron después).

 

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