LA CRISTERIADA

La guerra de los cristeros o la cristeriada, como se le conoció a este movimiento armado, se inicio el año de 1926 siendo presidente de la república mexicana el general Plutarco Elías Calles, en la cual también Xichú se vio involucrado. Cuando se inicio este movimiento en esta región y que la gente recuerda como la cristeriada, era presidente municipal de Xichú el señor Samuel Rivera Viscano. En el mes de septiembre de 1926, se reunieron en este pueblo el cura de la ciudad de Victoria Gto. don Rafael Álvarez y otros sacerdotes convocados que fueron los de tierra blanca, Santa Catarina, Atarjea así como los dos sacerdotes de Xichú quienes reunieron a la gente armada así como a civiles, con el objeto de hacerles saber que el gobierno había declarado la guerra al clero y que se aprestaran a defender los ideales de la iglesia, que a decir verdad, eran ideales de todos los habitantes de esta región puesto que el 98% eran católicos. En esta reunión se levantaron actas y se firmaron, dando orígen de esta manera “La Liga Católica De Jóvenes Xichulenses” y hubo muchas procesiones de los ranchos vecinos para hacer penitencia. Esto duró desde octubre del año 1926 hasta parte del año siguiente. En el mes de septiembre del año 1926 en este pueblo de Xichú, se declaró la guerra en contra del gobierno.

Aguerridos grupos de revolucionarios dieron encarnada lucha al ejercito del gobierno, hubo grandes escaramuzas en el municipio de Xichú Gto. Hombres valientes y decididos comandaron grupos de revolucionarios en esta vasta e intrincada región, los hombres que tenían armas se reunieron en el pueblo de donde partieron a combatir a una avanzada del gobierno que se encontraba acuartelada en la ciudad de Victoria Gto. Este destacamento o sección era comandado por el general Porfirio Sánchez acabando con todos los soldados que allí se encontraban, obligaron al general a retirarse al cerro de los agustinos, en San Miguel de Allende, Gto. donde dicho general había azolado a grupos guerrilleros.

En el mes de noviembre del mismo año, con refuerzos que le mandaron de la capital, regresó a Victoria y avanzó hasta el municipio de Xichú, por el lugar conocido como “Las Tetillas”, llegando en su avance solamente al Pinal (inmediaciones de la sierra) de donde regresó a Victoria.

En Xichú cuando supieron de ésta avanzada hubo grandes desbandadas de guerrilleros, unos por que no disponían de armas y otros para agruparse en los cerros que rodean al pueblo, pero fue hasta el mes de enero de 1928, cuando las fuerzas armadas del gobierno bajo el mando del general Rivas que con un regimiento de quinientos hombres entraron al pueblo de Xichú en donde encontraron gran resistencia por parte de los cristeros. En este combate hubo una gran matanza tanto de un bando como del otro, después de desalojar el pueblo de revolucionarios, las fuerzas armadas del gobierno ocuparon el cuarto de la parroquia como cuartel general, donde permanecieron instalados todos los de la división el resto del año de 1928.

Cabe destacar que el 3 de mayo de ese año llegaron más refuerzos de la capital de la república, el 16 de septiembre el general Rivas organizó el desfile en el pueblo con puros militares y unos cuantos civiles que ya se habían rendido y unido al gobierno como fueron los casos de los señores Parodi, los Velázquez, los Rivera y los Díaz que eran las familias más ricas del pueblo de Xichú y de no hacerlo tenían mucho que perder, solamente quedaron los más rebeldes, los más valientes y también los más decididos que se movían por toda la región montañosa.

Estos rebeldes de gran valor y de gran inteligencia fueron Don Lauro Tello, tío del señor Vidal Tello y Padre de los señores Lauro Tello Lara, Aureliano, Francisco, Carmen y la señora Catalina, todos ellos del mismo apellido que con su señora esposa la señora Pánfila Lara, tenían que andar huyendo de un lugar para otro, de Palomas se fueron a la Salitrera y de allí hasta Tortugas, donde Don Perfecto Pereira, líder agrarista, le brindó su ayuda en algunas ocasiones, siendo este el aval ante el gobierno cuando depuso las armas el señor Lauro Tello. Don Lauro murió poco después, de muerte natural.

Otros líderes cristeros fueron Don Rafael Cárdenas, Don Amado Sánchez y Don Leucadio García este originario del Rusio, también Don Diego Camacho tiempo después de haber sido herido por una bala en la espalda en el Arrollo de “piapa”, combatió a los del gobierno en el lugar conocido como “Las Tres Hermanas”, camino hacia Victoria.

Don Rafael Cárdenas, en el lugar conocido como “La Majadita” se enfrento con el ejército del gobierno. En esta emboscada el gobierno sufrió muchas bajas.

En el Arroyo de “Piapa”, Don Matías Camacho, hombre de mucho valor y de gran inteligencia, junto con Don Diego Camacho y Don Jacinto González, fueron atacados por las fuerzas armadas en este lomerío, donde Don Matías perdió la vida con tres balazos en la cabeza, mientras Don Diego herido en la espalda y Don Jacinto con una herida en la cabeza y otra en una pierna haciéndose los muertos lograron escapar con vida de ese ataque.

Por esos filos y lomeríos se escondían los guerrilleros cristeros como fue el caso de los primos Don Pedro Reséndiz Olvera y Don Joaquín Reséndiz que vivía en el rancho de San Jerónimo, muchas veces escaparon de caer en manos del gobierno.

Cierto día comían ambos en la casa de Don Joaquín cuando de pronto vieron que los soldados federales se iban acercando a la casa por una loma y por una puerta trasera escaparon sin ser vistos.

En otra ocasión caminaban por el filo del cerro hacia el rumbo del Puerto de la “Javiela”, cuando escucharon ruidos, se dejaron caer en un sanjón cubierto de hojarasca de encino y se cubrieron con ella y poco después vieron pasar a pocos metros de ellos la tropa enemiga. Otras veces escaparon de puro milagro.

Cabe aclarar aquí, que el jefe principal o “el gran jefe” del movimiento armado de la cristeriada que comandaba esta región a demás de los municipios de Victoria y San Luis de la Paz, fue Don Antonio Guevara.

En el año de 1929, los valientes revolucionario de esta región deponen las armas llegando con ello la pacificación de este municipio.

Así como estos cristeros, muchos vivieron a salto de mata en esa época por esta región.


COMENTARIO

__Nosotros jamás supimos ni sufrimos en cuerpo propio, más que por pláticas de familia, lo que había sido la Revolución y después, por estas altitudes, lo que fue, la Guerra de los Cristeros, tan popular por estos inmensos lomeríos, con todo y la persecución a los curas, a las monjas y a los católicos que iban a misa, pero en realidad no nos ha tocado nada de nada, solo una vida en paz desde que hemos nacido. No tenemos idea de lo que es vivir una guerra, una batalla. Hay que tener mucha imaginación para sentir lo que podría ser el miedo, el dolor, el verdadero funcionamiento del instinto de conservación, la invasión de la adrenalina para poder brincar, correr o saltar al enemigo de frente, a gritos, a como Dios nos diera a entender.

 

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